Anclados a la verdad.

Una de las grandes ventajas que tienen los seres humanos es la memoria. En ella se archivan todas las cosas, buenas o malas, que suceden en el transcurso de la vida; desde la niñez, hasta el momento de partir a la eternidad. Hay algo que queda muy marcado en la vida del hombre: lo aprendido en la niñez. Por eso la Biblia dice en Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. La Iglesia se preocupa por enseñar la Palabra de Dios a toda la niñez. Es que en ellos existe un gran potencial que puede ser aprovechado en favor de Dios. En muchos lugares del mundo podemos apreciar que diversas personas educadas desde muy temprano son capaces de ejecutar lo aprendido en la adultez. Dios ha concedido al ser humano la memoria para retener las ordenanzas que Él ha instituido. En Deuteronomio 4:9, Dios le da una ordenanza al pueblo de Israel: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos”. Dios enseña a guardar, memorizar, recordar y no olvidar lo que se ha visto y oído, acerca de sus maravillas y grandezas. Recuerde: La Palabra contiene innumerables beneficios para todos aquellos que deciden anclar su vida a las verdades eternas. ¡¡No las olvide!!

Bosquejo

Texto: Salmo 119:153-161

Tema: MOJONES EN LA RECTA FINAL

La vida de cada individuo está señalada por diversas marcas a las cuales podemos llamar mojones. Esas marcas NO deberían ser pasajeras… sino que ¡marcas permanentes! Todos en algún momento de la vida tuvimos experiencias las cuales dejaron su marca, y han ayudado y ayudarán a alcanzar el propósito.

Consideremos:

I) EL MOJON DE NUNCA OLVIDAR LA PALABRA. V153b.

A) Cuan olvidadizo puede ser el corazón humano.
B) El sabio Salomón muestra dos realidades:
     1. Al descuidar la Palabra. Proverbios 1:14-15 
     2. Es principio de sabiduría. Proverbios 1:9
C) El llamado de alerta del escritor a los Hebreos. Hebreos 2:1
D) El apóstol Santiago da una enseñanza práctica. Santiago 1:22-25

II) EL MOJON VIVIFICADOR DE LA PALABRA. V.154b 

A) El corazón del cristiano recibe vida por la Palabra.
B) Las verdades bíblicas siempre traen vida. Ej: Hebreos 12:1

III) EL MOJON DE LA LIBERACION POR LA PALABRA. Salmos 119:153.

A) La afirmación del Señor Jesús. Juan 8:32
B) Testimonio de hermanos que experimentaron liberación por la Palabra. Salmo 34:4

IV) EL MOJON DEL CONOCIMIENTO DE LA PALABRA DE DIOS. V.159

A) La importancia de los dos carriles. Mateo 22:29
B) La muerte por falta del conocimiento. Oseas 4:6
C) La revelación que Dios da a Su pueblo. Efesios 1:17

V) EL MOJON DE LA FIDELIDAD A PESAR DE LAS AMENAZAS. 119:157

A) Satanás siempre trató de hacer sufrir a los que aman la palabra de Dios.
B) El corazón temeroso por la palabra. Salmo 119:161

CONCLUSIÓN: Mojones en la recta final del 2019 ayudaran a permanecer firmes y Dios bendecirá esa fidelidad.

Una palabra vivificante.

En Apocalipsis 3:3, el apóstol Juan escribe a la Iglesia de Sardis: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”. Jesús dijo: “No he venido al mundo a condenar, he venido a salvarlo, pero mis palabras les juzgarán el día postrero”; es decir, usted no podrá olvidar lo que ha oído de parte de Dios. Quiera o no, la Palabra de Dios le juzgará, le salvará o le condenará. Si obedeció, será bendecido, justificado y libre de culpa; más si fue rebelde, esta misma palabra le puede sentenciar y condenar. Es importante no olvidar lo que Dios hizo por nosotros. El alma es el asiento de las emociones y si se descuida, puede aparecer el engreimiento. En Salmos 103:2, David decía para sí: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”. Exaltaba a Dios y reconocía que no era su fuerza, su valentía o su destreza; sino el poder, misericordia y la gracia de Dios. Lo peor que puede llegar a hacer un hijo de Dios es olvidar la misericordia y el amor de Dios para con su vida. Es como el hijo ingrato que, luego que ha logrado cierto éxito en la vida, olvida a la madre que lo cuidó, lo crió y educó; portándose como un malagradecido. Recuerde: ¡Cuántas promesas en Su palabra se han hecho reales en cada vida! Olvidarse de donde se ha recibido eso, es caer en el pecado de la ingratitud. ¡Atesore la Palabra de Dios, recuérdela, vívala y no olvide nunca su poder vivificador!