“El sello del Espíritu”

Un sello es un instrumento que se utiliza para poner una impresión o marca también es la marca en si misma, que se pone para certificar la autenticidad de un documento, sin el cual no tendría ninguna validez. Al nacer de nuevo, dice la Biblia, somos sellados por el Espíritu Santo. Pero: ¿Qué significa eso y en qué consiste? Significa que a través de Él somos certificados y autenticados como hijos de Dios, que le pertenecemos a Cristo, que Jesús es el dueño y Señor de nosotros y que el Espíritu Santo es el instrumento que Dios utiliza para sellarnos. También el Espíritu Santo sella o marca en nuestros corazones y nuestra mente la Ley de Dios y sus principios, como dice Jeremías 11:33: “Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. Es solamente el Espíritu Santo el que nos santifica y nos lleva a una vida de obediencia y sumisión a Dios, dejando atrás todos esos malos hábitos que entristecen a Dios. El Espíritu Santo es el único que puede transformarnos de una naturaleza carnal a una espiritual, pero solo si lo dejamos trabajar en nosotros porque el que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Cristo pone su Santo Espíritu dentro de nosotros para que andemos en sus mandamientos, guardemos sus estatutos y los pongamos
por obra como lo demanda Dios. Es pues el Sello de Dios en la vida de todo creyente.

Bosquejo

Texto: San Juan 3:1-16

Tema: “EXPERIENCIAS CON EL ESPÍRITU SANTO”

El buscar a Dios tiene sus consecuencias. Amos 5:4. Dentro de esas consecuencias están las experiencias con el Espíritu Santo.

Consideremos:

I) LA EXPERIENCIA DE UN NUEVO NACIMIENTO.

A) El convencimiento que trae el Espíritu Santo. Juan 16:8
B) La vida humana comparada con Génesis 1:2
C) La necesidad de nacer de nuevo. Juan 3:5-6
D) La naturaleza obrada por el Espíritu Santo. Tito 3:5

II) LA EXPERIENCIA DEL SELLO.

A) El resultado de creer. Efesios 1:13.
B) La seguridad que da la garantía. 2° Corintios 1:21-22.
C) El gozo de pertenecer. Romanos 8:39
D) El sello me dice: Perteneces a Cristo. 2° Timoteo 2:19.

III) LA EXPERIENCIA DE LA COMUNION CONSTANTE.

A) Comunión que es para todos. 2° Corintios 13:14
B) Parakletos: Que asiste y defiende. Juan 14:16
C) El gozo de disfrutar la comunión. 1° Juan 14:17
D) La comunión que suministra liberación. Filipenses 1:19
E) Comunión: Constante fuego encendido. Levítico 6:12

IV) LA EXPERIENCIA DEL BAUTISMO DEL ESPIRITU SANTO.

A) La proclama de Juan el bautista. Juan 1:33.
B) El imperativo del Señor Jesús. Hechos 1:8.
C) El cambio maravilloso de millones. Hechos 4:13.
D) El bautismo que renueva. 1° Corintios 12:13.

CONCLUSIÓN: “Recuerde la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo, aun hoy, es para todos los hijos de Dios.” Hechos 2:39

“El dilema de nacer de nuevo”

Nicodemo quedó perplejo por la declaración de Jesús. Su mente estaba intentando buscar una solución para estas enigmáticas palabras: “¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?”. Él tenía dificultades para entender el lenguaje de Jesús. Estaba interpretando las palabras de Jesús de forma literal, sin darse cuenta del valor espiritual de lo que estaba escuchando. Además, ¿qué necesidad tenía Nicodemo de volver a nacer, si ya había nacido de la descendencia de Abraham? Él ya era un judío, miembro del pueblo escogido de Dios. ¿Qué más se podía añadir a esto? ¿Por qué había de nacer otra vez? El Señor explicó el camino que todos los hombres debían seguir para nacer de nuevo: “del agua y del Espíritu”. ¿Pero qué quiso decir con esto?. Nicodemo lo relacionaba con el bautismo de Juan el Bautista, y máxime, cuando en su predicación, el profeta hablaba los dos conceptos del “agua” y el “Espíritu”: (Jn 1:33) “El que me envió a bautizar con agua… bautiza con el Espíritu Santo”. El bautismo en agua de Juan iba acompañado por un llamamiento al arrepentimiento genuino y a no conformarse con el hecho de que porque fueran descendientes de Abraham. El Señor le estaba recordando a Nicodemo que para nacer de nuevo, debía cambiar el concepto que tenía de sí mismo, y aceptar el diagnóstico divino de que él era un hombre pecador que necesitaba arrepentirse. Por lo tanto, Nicodemo, y todos nosotros, debemos arrepentirnos y creer en Jesús si queremos entrar en el reino de Dios. La verdadera conversión surge de un nuevo nacimiento.