“La primer necesidad”

Jesús estaba en una situación difícil. Ya les había anunciado a sus discípulos acerca de sus propios padecimientos y muerte, e interiormente, en su sabida humanidad, la lucha era muy intensa. Sin embargo, Él prioriza a otro necesitado: el padre del muchacho. Este era un padre desesperado. Un buen padre, preocupado y (leemos entre lineas), un líder espiritual en el hogar, un modelo a seguir, y el proveedor para su familia. Él amaba a su hijo, y sufría. Jesús, junto a tres de sus discípulos, descendía de la cima de la montaña a la llanura. Dejaban la luz radiante de la experiencia de la transfiguración para entrar en las sombras de la vergüenza, el dolor y la confusión. Jesús llevó a este hombre del miedo, la frustración, la desesperación, la duda y la fe vacilante a un lugar de confianza. Él hombre gritó: “¡Ayúdame, si puedes.” En su encuentro cara a cara con Jesús su fe empezó a cobrar vida, “yo creo, ayuda mi incredulidad. Quita mis dudas y lléname de una fe incuestionable en Ti.” Cuando hay poca fe hay poca oración. Pero cuando hay una gran
cantidad de fe genuina y perseverante, originada en alguien que prioriza a los demás sobre uno mismo, habrá señales poderosas de Dios que serán para bendición. La fe simple, pero genuina del creyente le llevará a grandes victorias y a ver los grandes milagros de Dios en su vida.

Bosquejo

Texto: Mateo 9:14-29

Tema: “¡LA INCREDULIDAD: INTOXICA!”

Cuando se dice que algo intoxica se está diciendo que ese algo es un veneno que causa males. Satanás trata de inyectar la incredulidad para robar.

Consideremos:

I) LA INCREDULIDAD ES ENEMIGO MORTAL.

A. Adán y Eva dudaron. Génesis 3:1
B. La incredulidad aparta de la intimidad. Juan 6:60-66
C. La muerte espiritual es resultado de la incredulidad. Romanos 3:23
D. Lo contrario a la incredulidad es la relación íntima. Salmo 25:14
E. La voz de Dios siempre anima. Hechos 23:11.

II) LA INCREDULIDAD ES FOCO INFECCIOSO DEL DESANIMO.

A. Primeramente afecto a los diez. Números 13:33
B. De inmediato intoxicó a todo el pueblo. Números 14:1-2
C. Áreas de la vida que el desánimo afecta:
1. En el deporte. 1° Corintios 9:24-27
2. En los negocios. Mateo 25:26
3. En la vida matrimonial. 1° Samuel 1:6-7
D. Las promesas de Dios anula la incredulidad. Números 14:6-9

III) LA INCREDULIDAD SE ACRECIENTA SOBREVALUANDO AL ENEMIGO.

A. El error de acrecentar el poder del enemigo. Números 13:31-33.
B. La incredulidad de Giezzi. 2° Reyes 6:15
C. La palabra profética erradica la incredulidad. 2° Reyes 6:16-17
D. El engrandecer a Dios empequeñece al enemigo. Salmo 34:3

IV) EL GRITO ATEMORIZADOR DE LA INCREDULIDAD.

A. Cada día el enemigo intenta atemorizarnos. 1° Samuel 17:16
B. Pedro el Apóstol lo presenta en su carta. 1° Pedro 5:8
C. Vencemos el grito atemorizador escuchando la voz de Dios. Marcos 4:37-41

CONCLUSIÓN: El resultado de la incredulidad es muerte, en cambio el resultado de la obediencia a la voluntad de Dios, siempre producirá vida.

“Un corazón firme en Dios”

La incredulidad, sin figurar en la lista oficial, podría ser tranquilamente anunciado como un pecado capital pues a veces aflige el corazón de Dios más que cualquier otro pecado. Los cristianos, clamamos contra los pecados de la carne, pero muchas veces a Dios le preocupan más los pecados del corazón: dudar de su Palabra o cuestionar su fidelidad. Los problemas reales de la vida y la muerte tienen más que ver con la forma en la que una persona piensa que con lo que hace. Existen creyentes que abandonan todos los pecados de la carne en los que puedan pensar, pero a pesar de “limpiar sus acciones”, todavía siguen inquietos e insatisfechos. Ellos creyeron equivocadamente que a Dios le agradaría si abandonaban su pecado secreto, que las bendiciones fluirían automáticamente. Pero los pecados de la carne son sólo parte del problema. Ellos aprendieron solamente a temer al Señor, pero no a confiar en él; y el temor casi siempre da a luz la incredulidad. A través de su Palabra, Dios ha proporcionado una manera segura de tener absoluta confianza en él. Dice el proverbio: “Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás, y tu sueño será grato. No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere, porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso” (Proverbios 3:24-26). Estas son promesas maravillosas de nuestro Padre celestial. ¡No nos rindamos ante el miedo o la duda! Tratemos con la incredulidad como lo haríamos con cualquier otro pecado abominable. Determinemos en nuestro corazón, confiar en el Señor; y recordemos al salmista David: “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá” (Salmos 112:7-8).